Edición Nro: 2145

Cultura Sección 22

Entre el cine y la literatura

Las historias inspiradoras

Las historias inspiradoras Siempre amé los libros y aprendí a disfrutar del cine. Cada historia se abrió ante mí como un camino a recorrer, un viaje interminable en el que la vida de los personajes me enseñaba a hacer mi pequeña catarsis. Cada lágrima rodando por mi rostro, me liberaba de angustias y emociones escondidas. Recónditos sentimientos que alimentaron siempre mi alma.

Tal vez, aún hoy, no pueda definir las aristas de mi espíritu. Eso sí, de seguro, eternamente soñador.
El amor acompañó mis pasos. Creo, desde siempre. Los recuerdos, propios y ajenos, se confundieron entre vivencias intensas y cotidianas. Cuando miro hacia atrás, las experiencias, especialmente aquellas más insignificantes, cobran importancia.
La vida está formada por un sin número de momentos. Cada amor, cada amistad, cada sueño íntimo y cada charla con amigas. La pasión y la soledad marcaron a fuego la persona que soy hoy.
La vida moldea los intereses, define los gustos y las expectativas. La vida es un caleidoscopio. Ese pequeño instrumento por el que se forman imágenes coloridas sin aparente significado. Siempre atrayentes.
La historia personal también encierra las historias familiares. Esos sueños y pasos dados en familia. La rebeldía, la compañía, las eternas charlas con mi madre, el abrazo contenedor de mi padre, la mesa de los domingos en casa de mis abuelos. Los afectos para toda la vida.
Busco inspiración cada noche y cada mañana. Cada vez con mayor frecuencia redescubro que lo pasado y lo porvenir son de igual importancia porque cada vivencia da la posibilidad de reconstruir el camino personal.
Cultivar el alma, la amistad, la sonrisa y la sensación de bienestar son el desafío cotidiano.
La vida continúa con el propio devenir. “Se hace camino al andar”. Definir ese camino sigue siendo un desafío.
Aprendí que cada historia leída o vista me permite reflexionar sobre los grandes temas. Y siempre pienso en las pasiones shakesperianas, en el idealismo del Quijote, en el sufrimiento de Miguel Hernández, la belleza de Thomas Mann redescubierta por millones de lectores al enfrentar la postal viva de Venecia.
Recreo las historias de mujeres apasionadas y pienso en la mía propia. La intensidad con la que amé no solo a las parejas, el amor por la enseñanza, el desafío del periodismo.
¿Cómo convertirme en mejor persona? ¿Cómo contribuir para aportar ese granito de arena para un mundo mejor, más justo? Descubrí que los libros y las películas inspiradoras promueven mis más recónditos sentimientos por conocer las mil historias del mundo que me rodea.
Sí, amo la literatura, amo el cine y me invade una tremenda emoción al asistir al teatro. Mi alma se alimenta con cada paisaje ante mí, cada itinerario recorrido.
“Caminante no hay camino, se hace camino al andar” sigue sonando en mi interior con la voz de Serrat, sigue siendo una página entrañable del libro de Antonio Machado y, lo más importante, sigue siendo un deseo irrefrenable para pensar en el próximo viaje.
Me pregunto si encontraré mi propia voz para escribir historias. No lo sé porque la vida me interpela sacudiéndome para vivirla intensamente.
 

Autor: Lic. Mirtha Cáffaro | 2018-05-06 03:29:00 | Compartir: