Edición Nro: 2058

El Paí­s Sección 22

Las familias en Malvinas después de 36 años

Donde antes decía "Soldado solo conocido por Dios" ahora hay nombres y apellidos

Donde antes decía "Soldado solo conocido por Dios" ahora hay nombres y apellidos La legendaria “tierra cautiva de un viejo tiempo pirata”, recibió visitantes ilustres: aquellos parientes de los héroes, ahora reconocidos, que fueron a las islas a colgar el nombre de cada uno de ellos en la cruz.

A su regreso, los familiares de los caídos en Malvinas, fueron recibidos en Ezeiza por no más de un centenar de personas. Una gran bandera, ex combatientes con ropa de aquella época, gorros de cotillón celeste y blanco y algunos gritos de “viva la patria”. Para los privilegiados que estuvimos en el Hall de la terminal C del aeropuerto, la sencilla ceremonia con la banda de los soldados del Regimiento Patricios y las lágrimas sinceras de las personas que transitaban por allí, fueron el tributo más que justo de una pequeña parte de la sociedad que decidió no olvidar a nuestros héroes.

“Malvinas, tierra cautiva de un viejo tiempo pirata, Patagonia te reclama…” dice el bello poema que nos enseñaban allá por la década del ochenta, cuando creíamos en el slogan que decía que “Los Argentinos somos derechos y humanos” y suponíamos a la avenida 9 de Julio como la más ancha del mundo.

¿Cómo explicarle a nuestros jóvenes que nosotros, los cincuentones de hoy, creíamos en otras cosas, otros valores, ingenuos, tal vez, pero sinceros? ¿Cómo decirles a los familiares de los caídos que “tras un manto de neblina, no las hemos de olvidar”?

Los años noventa se encargaron de desmalvinizar a nuestra sociedad. Desde Alfonsín, que no supo, no pudo o no quiso hacer nada por los muchachos ex combatientes, pasando por Menem, De la Rúa, Duhalde y el matrimonio K, todos les dieron la espalda. Este gobierno no es muy distinto a los anteriores. El logro de haber llegado al cementerio, de haber podido recuperar la identidad de aquellos soldados caídos cuya tumba rezaba el tan lamentable “Solo conocido por Dios”, no fue por mérito de los gobernantes. Fueron algunos valientes que se animaron a jugársela poniendo el lomo y sus recursos para llegar hasta lo más alto. Ahora, cuando no quedó otra que hacer oficial el reclamo, el país vive el hecho del viaje de los familiares a Malvinas como un paso. Todavía con el dolor de tener que recibir el sello en el pasaporte para entrar a nuestra tierra, pero un paso al fin.

35 años atrás, en un bar de los que ya quedan pocos, escuchando a Charly García (“a simple vista puedes ver, como borrachos de algún tango a los jóvenes de ayer…”) se nos ocurría como poco probable aquel “no bombardeen Buenos Aires, no nos podemos defender”. De hecho, indefensos y todo, nos jugamos las islas como una revancha, aquel día de julio de 1986 en que derrotamos a Inglaterra por 2 a 1 con el par de goles más hablado de la historia. El verdugo, nuestro héroe, El Diego. Si hasta la sonrisa del más triste de los sobrevivientes de la guerra absurda, por aquellos días fue atesorada. Ingleses y argentinos se juntaron en las afueras del DF para “cagarse bien a piñas”, como Dios manda. Los pueblos nunca se equivocan, en todo caso, los hacen sus gobernantes.

Y las puertas de la paradoja temporal, cual ministerio del tiempo, se abren en esta soleada tarde de marzo, casi abril, para contarle al mundo que un grupo de ilusos, cuasi idiotas, sigue soñando con la soberanía. La realidad actual nos dice que, de paso, estaría bueno que nos contasen la verdad de lo que ocurrió con los 44 (tal vez 47) héroes del ARA San Juan, que entran en la categoría desparecidos, pero de los que las madres y abuelas no van a levantar su voz; al menos no las de las asociaciones de los pañuelos blancos.

El país y sus grietas avanzan, como pueden, hacia la globalización, versión 3.0. O sea, hacia la nada, esa que alguna vez fue definida como un cuchillo sin mango y sin hoja. Nada queda de lo que éramos, pueriles y creyentes, pero todavía tenemos las lágrimas, genuinas, para honrar a quienes las merecen. Para “honrar la vida”. 

Autor: Lic.José Luis Dranuta | 2018-03-27 06:34:00 | Compartir: