Edición Nro: 128718

Opinautas

Derrota de la Selección

Una espina clavada en el pecho

Una espina clavada en el pecho Tengo una espina clavada en el pecho que no me deja pensar mucho, ni respirar bien, ni escribir sin contradecirme entre el amor y el odio. Sin embargo, se me ocurre lo siguiente, como catarsis aristotélica mientras veo (con una propensión al masoquismo digna de estudio), cómo el arquero chileno levanta la copa que era mía mientras caen los papelitos.

Es la enésima final perdida desde que Diego se cortó las piernas, es la enésima vez que Messi puede demostrar que es el mejor de todos y no lo hace, porque lo es, pero se le olvida de a ratos. Es la enésima vez que el equipo lo deja solo, es la enésima vez que pensamos que tenemos a los mejores y que como son los mejores tienen que ganar. La historia se repite, la tristeza se renueva..
Creo que al igual que el mundo, el fútbol se globalizó, el once contra once está más vigente que nunca y, vaya sorpresa, los mejores jugadores no nacen solo en Argentina. A veces con la autoestima alta no alcanza, y hay rivales que no tienen tanto miedo como quisiéramos. Pero esta vez éramos nosotros los que teníamos la responsabilidad, la iniciativa, el peso de la historia y los nombres a favor. Chile juega, pero nosotros más, suponíamos. No estaba el cuco alemán enfrente, había que imponerse, como tantas veces lo hicieron estos pibes en cualquier cancha del globo.
Argentina le tuvo miedo a ganar. El Tata reculó, esperó con más cautela de la habitual, tuvimos miedo de ser el mejor, de subestimar al chileno, y ellos se agrandaron. Jugamos la final como la hubiera jugado Sabella, con un estilo respetable, pero ajeno a este cuerpo técnico, en las antípodas del pensamiento bielsista y por ende de Martino, el alumno menos loco.
Jugaron mal el partido más importante, no basta con sentir la camiseta, ni poner huevo o jugar acalambrado. Había que respetar al rival pero respetarse a sí mismo, asumir que se es favorito y jugar como tal, sin especular.
Tengo más bronca por el cómo que por el qué. No tuvimos miedo a perder, tuvimos terror a ganar. 

Autor: Martín Enrico | 2015-07-05 15:55:00 | Compartir: