Edición Nro: 2747

EDITORIAL

Bram Stoker

123 años no son nada

Bram Stoker
Un día como hoy, hace 123 años, Drácula salía a la calle ¿El Conde? No, el libro del conde, o el libro de lo que se cree que pudo haber sido, en algún plano de la verdad, una ficción imposible de obviar, en una realidad imposible de documentar. Drácula y esta pandemia son, de una forma u otra, la misma cosa. El peor escenario imaginado por el hombre no refleja ni la mitad de la crudeza de la realidad. Si Drácula era o no vampiro, a esta altura, lo mismo da. Lo cierto es que el verdadero Nosferatu, cruel, empalador y torturador como nadie, sembró miedo, desconcierto y horror a su alrededor mucho más allá de la versión maquillada de Stoker, que dio origen a un género único, de culto, abominable y adorable a la vez.

 La verdadera historia de Drácula, "el empalador de hombres" o Vlad Dracul (de ahí lo de Drácula, que en rumano significa "demonio") era un príncipe rumano perteneciente a la Orden del Dragón, que se vio obligado a entregar en 1444 a dos de sus tres hijos: Vlad Tepes, de 13 años, y su hermano Rad y Constantine.

Vlad Tepes es el fruto de la salvaje guerra que se vivió a principios de la Edad Moderna en los Balcanes, con los turcos dispuestos a conquistar toda la Europa Oriental. Conocido por sus enemigos como "el Empalador", este sádico príncipe de Valaquia, la zona sur de Rumania, se hizo célebre por su actividad guerrera contra el Imperio otomano en el siglo XV y por hacer de la tortura un pasatiempo. Se calcula que entre 1456 y 1462 mandó ejecutar a más de 60.000 personas por empalamiento y otros métodos de tortura.

Su leyenda negra inspiró al escritor irlandés Bram Stoker a convertirle en el Conde Drácula, el más famoso de los vampiros de la literatura. Este escritor conoció la historia de manos del erudito húngaro Arminius Vámbéry y se sirvió de la leyenda de Vlad "el Hijo del Dragón" para crear la que hoy cumple los 123. Este resultó un gran éxito editorial, que desde su publicación nunca ha dejado de estar en circulación, pero que en realidad no tiene grandes similitudes con el personaje histórico. El que en los tiempos de Stoker la leyenda sobre Vlad Tepes siguiera viva demuestra la importancia de su terrorífico legado.

Si de bestias estamos hablando, el gobierno comunista de Nicolae Ceaucescu, cruel como pocos, declaró en 1976 a Vlad Tepes "Héroe de la nación" al cumplirse el V Centenario de su muerte. Entre tanta barbarie, según la apreciación del dictador rumano, habría sido incluso un hombre dotado de un sentido de la justicia y el patriotismo poco usual en esa época. Entonces Vlad Tepes, Nosferatu, Drácula, Ceaucescu y Stoker pasaron a estar de alguna manera peculiar ligados. ¡Pero cuidado! El tiempo puso a cada uno en su lugar.

Uno dos tres. Ciento veintitrés años de su salida, cuarenta y cuatro años después de la barbarie rumana de un comunista demodeé y unas cuantas pintas de cerveza mediante, Netflix nos muestra alguna que otra versión remozada de un vampiro. El diente de ajo, el crucifijo y la estaca de madera hicieron el resto.

Cuando la pandemia del 2020 pase, cuando la literatura de paso al recuerdo del recuerdo, tal vez seamos conscientes de que fantasía y realidad son, como en "El jardín de los senderos que se bifurcan" escenarios simultáneos y posibles de un mundo que pide a gritos que ya no lo empalen más, ni lo vampiricen. Y de paso, que si lo van a novelar, lo hagan con estilo Stoker.

Autor:Lic. José Luis Dranuta | 2020-05-27 | Editoriales Anteriores | Compartir: