Edición Nro: 91056

Columna de José Luis Dranuta

La bisagra de una época

50 años de la noche de los Bastones Largos

La bisagra de una época
Mentaberry, hoy coordinador del gabinete que preside Lino Barañao, esa noche lo encontró en la Manzana de la Luces, como estudiante de último año del Colegio Nacional Buenos Aires, dependiente de la Universidad, en lucha por legalizar el Centro de Estudiantes que había sido prohibido por un decreto de Jorge de la Torre.

"La represión de la Noche de los Bastones Largos fue significativa para repensar las cosas que pasaron a partir de entonces, sobre todo en nuestra inteligencia, en la intelectualidad argentina, que vivió eso como una afrenta y como un portón cerrado que no dejaba ya más alternativas que blanco y negro", dijo a Télam Mentaberry.

Al hoy coordinador del gabinete que preside Lino Barañao, esa noche lo encontró en la Manzana de la Luces, como estudiante de último año del Colegio Nacional Buenos Aires, dependiente de la Universidad, en lucha por legalizar el Centro de Estudiantes que había sido prohibido por un decreto de Jorge de la Torre.

"Nosotros éramos un colegio universitario dirigido por Fernández Long, que era del Humanismo, y durante el gobierno reformista veníamos reclamando estar al mismo nivel que los centros universitarios" desde 1963.

"Había autodisciplina, no había celadores, lo cual era adecuado a un colegio experimental, y los chicos del Buenos Aires teníamos mucho contacto con nuestros primos de Exactas, respirando las polémicas universitarias de los '60", relató en una entrevista con Télam en el Polo Científico Tecnológico, en Palermo.

Pero "llegó el golpe de estado de 1966 (que derrocó al radical Arturo Illia) y nosotros, que esperábamos una respuesta popular a ese acto, vimos cómo se impuso un coronel con tres granaderos, y se acabó la historia".

Los temas de época que polarizaban posturas eran la Guerra de Vietnam, la Revolución Cubana, el derrumbe del sistema colonial en África y la Guerra Fría, con fantasmas como la bomba atómica y música de fondo del movimiento contracultural hippie.
"Se sabía que la intención era la intervención, porque Exactas era considerada una especie de antro lleno de comunistas que conspiraban contra la patria y todas esas cosas; pero en realidad, lo que pasaba era que Exactas había planteado el tema de ciencia y sociedad, y qué podía hacer la ciencia por este país", contó.

En el libro "Historia de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales" (Eudeba), Eduardo Díaz de Guijarro, Beatriz Baña, Carlos Borches y Raúl Carnota consideran que el objetivo de la acción represiva fue terminar con un "reducto de izquierdistas" y deponer la autonomía universitaria subordinando las ocho universidades nacionales al Poder Ejecutivo Nacional.

El rector de la UBA, Fernández Long, convocó: "En este día aciago en el que se ha quebrantado en forma total la vigencia de la Constitución (...), los claustros universitarios sigan defendiendo como hasta ahora la autonomía universitaria (...) y se comprometan a mantener vivo el espíritu que haga posible el restablecimiento de la Democracia".

Mentaberry rememoró que "la toma era totalmente pacífica, habíamos puesto unos cuantos muebles detrás de la puerta, pero la barricada era de tal manera que la Guardia de Infantería la tiró abajo en cinco minutos y los bárbaros entraron al patio central, desde donde tiraron gas lacrimógeno dentro de las aulas, que quedaron tipo cámara de gas".

Por el ataque policial al edificio de Perú 222, en la Manzana de las Luces, resultaron detenidas unas 150 personas. La mayor cantidad de bastonazos fue cosechada por estudiantes y docentes de Ciencias Exactas, aunque también recibieron palazos los de Arquitectura, Filosofía y Letras e Ingeniería. En repudio al régimen dictatorial y la intervención, renunciaron unos 1.400 docentes, 200 de ellos de Exactas, que emigraron.

"Habría que discutir si fue bueno o fue malo lo que se hizo con la renuncia y emigración de científicos a Chile, Venezuela y otros países en donde, ahora sabemos, la liberal Fundación Rockefeller había dado subsidios a esas universidades para recibirlos, buscando armar sistemas de investigación en otros lugares con los grupos emigrados de Argentina, para proteger los núcleos pensantes de América Latina", planteó Mentaberry.

"Si uno mira ahora en perspectiva, se pregunta ¿había que hacer eso? Es una buena pregunta, vale la pena hacérsela, porque la universidad argentina, a partir de esa noche, tuvo un golpe terrible y volvió atrás quince años. Exactas fue desmantelada, habiendo sido un núcleo de discusión académica", balanceó.

Las discusiones que habían suscitado Manuel Sadosky, Oscar Varsavsky, Jorge Sábato y otros, relacionaban ciencia y desarrollo, una polémica por entonces con el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, "que tenía una visión totalmente academicista. Este núcleo hablaba de que la ciencia era una revolución en la sociedad e iba a tener impacto sobre la independencia económica".

Mentaberry consideró que, "en el fondo, la situación era muy violenta: yo digo que los 60 fueron la incubadora de lo que pasó después, porque hasta ese momento se pensaba que se podía romper la proscripción del peronismo y tener un país más o menos sensato, (pero luego) nuestra generación veía la política casi como algo abyecto, porque no daba salida".

"En ese sentido, creo que la Noche de los Bastones Largos es un hito que tiene valor paradigmático; tuvo un alto valor simbólico y al sector juvenil le dijo 'ya no hay más remedio que pasar a otros modos', tema que discutíamos mientras estábamos detenidos en la comisaría -si había que seguir reclamando con movimientos reivindicativos o pasar a la lucha armada- y que incubó lo que vino después", dijo.

Mentaberry reivindicó que no pasó mucho tiempo desde aquella noche hasta que "el país real se expresó en los cordobazos, y el ex dictador Juan Carlos Onganía, que hablaba de 'tiempos económicos' y no políticos, terminó durando un año y medio". 

Autor:J.L. Dranuta | 2016-07-29 | Columnas Anteriores | Compartir: